Menú Cerrar

En junio murieron Gardel y Nieto, argentinos que dejaron huella en Medellín

Junio guardará siempre la añoranza de dos conocidos argentinos que marcaron la historia de Medellín: el día 20 del 2020 falleció el propietario del Salón Versalles, Leonardo Nieto, cuando se conmemoran 85 años de la tragedia aérea que acabó con la vida de Carlos Gardel, un 24 del mismo mes.

Leonardo Nieto en los primeros años al frente de Versalles
Leonardo Nieto en los primeros años al frente de Versalles. Foto: Archivo familiar

Murió don Leonardo Nieto preciso en la víspera del Festival de Tango que él mismo organizó por primera vez 52 años atrás. Llegó a la ciudad en 1960 y se convirtió rápidamente en el embajador no oficial de Argentina en la Bella Villa. Como por designio, partió de este plano un día antes de estrenarse la versión decimocuarta del festival tanguero del Aburrá, que por tradición se celebra justo en la semana del 24 de junio para conmemorar la muerte del más célebre cantante de tango de todos los tiempos, el también argentino Carlos Gardel.

Leonardo llegó de paso a Medellín a finales de 1960, a la edad de 34 años, curioso por conocer el lugar donde había muerto Gardel. A pesar de estar acostumbrado a la metrópoli del gran Buenos Aires, decidió darle un giro a su vida y radicarse definitivamente en la Eterna Primavera. Para ese entonces, era propietario de dos “confiterías” (lo que en Colombia llamamos “cafeterías”) en el centro y en el barrio Palermo de la capital argentina. Ya en Medellín, su vocación seguiría estando en este tipo de negocios, por lo que se fijó en el Salón Versalles, restaurante que era propiedad de una familia catalana y que, de acuerdo con una fuente que solicitó no revelar su nombre, ofrecía muy buena repostería pero se mantenía vacío, pues los catalanes habían intentado imitar al Astor, que era un establecimiento muy tradicional y preferido por las clases alta y media, entonces todavía muy parroquianas. Ambos negocios estaban en el paseo de Junín, que para la época era la zona rosa de la ciudad que concentraba distinguidos comercios como boutiques, restaurantes, teatros y sitios de diversión.

Junto a dos o tres socios, Leonardo adquirió el Versalles en 1961 y empezó a transformarlo. Modificó la estrategia y se centró en ofrecer productos variados de la gastronomía argentina y mundial, a precios más asequibles, en un ambiente no tan refinado como el del Astor, sino con un espíritu bohemio y popular. “Mucha gente dice que Versalles es el sitio más democrático de Medellín. Todo el mundo tiene acceso a Versalles. Sobre todo en esa época, se encontraba desde el alto ejecutivo, el político, el trabajador de al lado… No importaba su orientación sexual ni su orientación política, desde los nadaístas hasta los más “godos”, todo el mundo recibió en Versalles su sonrisa y su conversación”, añadió la fuente consultada. Quizá el producto más distintivo del Versalles de Leonardo es la empanada argentina, que no es estrictamente eso, sino más bien una versión del platillo austral, adaptado al gusto del público local. “La primera pizza que se hizo en Medellín se hizo en Versalles y muchos dicen que la primera pizza que se comieron en la vida, se la comieron en Versalles… lo mismo pasó con el churrasco, con las milanesas. Digamos que eran platos que no se veían normalmente a esos precios en un restaurante”, aseguró la misma fuente.

Promotor del tango en Medellín

Leonardo Nieto con Aníbal Troilo "Pichuco" y Leopoldo Barrionuevo
De izquierda a derecha: Leopoldo Barrionuevo, Aníbal Troilo «Pichuco» y Leonardo Nieto

Para 1968 ya el salón funcionaba en buena forma y don Leonardo quiso empezar a disfrutar más de una de sus mayores pasiones: el tango. Así que decidió organizar el primer Festival de Tango de Medellín. Gracias a sus gestiones, ese año arribó a la Capital de la Montaña un avión de la Fuerza Aérea Argentina repleto con los mejores cantantes y orquestas… entre ellos, “Pichuco” Aníbal Troilo, que era una institución del género porteño. Ese primer festival se celebró en La Macarena y en el Hotel Intercontinental. En la segunda versión, en 1970, asistieron entre otros, Carlos Dante y Oscar Larroca, reputados vocalistas de la orquesta típica de Alfredo De Angelis. También de la mano de don Leonardo, estuvo en Medellín varias veces Horacio Ferrer, compositor de “Balada para un loco” y de otros tangos insignes interpretados por el renombrado Astor Piazzola. Más tarde, don ‘Leo’ crearía la Casa Gardeliana, que dicen que lo hacía sufrir mucho porque económicamente no era rentable. Fuentes cercanas aseguran que lo que ganaba en Versalles se lo invertía a la Gardeliana, lugar que se convirtió en un semillero del tango y centro cultural del barrio Manrique.

“Hablar de Leonardo Nieto en el ámbito tanguero argentino, pues… todo el mundo sabía quién era y todo el mundo quería venir a Medellín a algún festival o a participar más tarde en la Gardeliana donde los fines de semana había show de tango y pasar por la Gardeliana era un honor para los cantantes de tango argentinos” (palabras de la fuente).

Anfitrión del fútbol gaucho

El Versalles era también sitio de reunión de los futbolistas argentinos que para esa época llegaban en buena cantidad a Colombia y encontraban en don Leonardo un amigo que los guiara para adaptarse al ambiente medellinense. Una de las grandes anécdotas es que en algún momento que se habían quedado sin director técnico en el Atlético Nacional, don ‘Leo’ propuso a Osvaldo Juan Zubeldía, que había sido compañero suyo en el servicio militar y, más tarde, director técnico de la Selección Argentina así como técnico campeón de América y del mundo con el equipo Estudiantes de la Plata. Tras su llegada a Antioquia, Zubeldía marcaría un antes y un después en la historia del Atlético Nacional. Luego, en 1982, cuando murió el estratega, sería el mismo don Leonardo quien se encargaría de llevar el féretro de vuelta a Buenos Aires. Otros amigos cercanos de don ‘Leo’ fueron Navarro, Corbata y Fernández, entre otros distinguidos futbolistas argentinos de la época. “Era parte de la atracción de Versalles, era un lugar muy atractivo para la gente, no solo para los que gustaban del fútbol, sino para las chicas que iban a ver a los jugadores argentinos, que tenían muy buena pinta, algunos”, comentó la persona consultada.

La despedida

A los 94 años pereció el cuerpo de don Leonardo, pero su espíritu sigue presente en el Festival de Tango, en la Casa Gardeliana y en el Salón Versalles, que es a la vez vástago viviente de la Medellín de los 60. Como dice el colaborador no revelado de este artículo, “ahora la gente joven lo que busca no es un Versalles moderno, sino aplicarse a la historia. Ven un sitio que lleva más de medio siglo en el mismo lugar… del que hablaban sus padres y abuelos”.

Leonardo Nieto con un cuadro de Jorge Luis Borges
Don Leonardo con un cuadro del literato argentino Jorge Luis Borges como fondo


Contenido relacionado: Gardel en Medellín

Filmaciones de la estadía de Carlos Gardel en Medellín y Bogotá, su accidente aéreo en el Aeropuerto Olaya Herrera de Medellín y su funeral.
(Imágenes: Hermanos Acevedo)


COMPARTE
Abrir chat