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¿Por qué Medellín se llama así?

Por más que seamos buenos paisas, hinchas de Nacional o Medellín, saboreemos un aguardiente a menudo o de vez en cuando, comamos arepa a diario y frijoles siquiera cada ocho días, hay una pregunta con la que a más de uno nos corchan: ¿por qué Medellín se llama así?

Foto panorámica del centro de Medellín, foto de Bruno Malfondet
Centro de Medellín. Foto de Bruno Malfondet. Bajo licencia «Creative Commons».

¿Por qué Medellín se llama así? ¿Sería el apellido del personaje que descubrió esta tierra? ¿O será simplemente porque en España hay otra ciudad que se llama Medellín? Aquí les vamos a dar la explicación, pero antes les vamos a contar unos detalles para entender mejor cómo fue la cosa.

Empecemos por descartar la primera pregunta. El que descubrió estas tierras para la corona de España no se apellidaba Medellín. El valle de la capital antioqueña lo descubrió Jerónimo Luis Tejelo en agosto de 1541. Con su apellido “Tejelo” no se bautizó la ciudad, pero cuatrocientos años después sí se erigió con ese nombre un barrio de la comuna cinco (zona de Castilla).

¿Y quién era Tejelo, pues? Este señor era un capitán que estaba bajo el mando del célebre conquistador español y mariscal Jorge Robledo, cuya labor era la de encontrar y conquistar (o sea, poner al servicio del rey de España y de la Santa Iglesia Católica) los pueblos de indígenas que más pudiera y así lo hizo en los terrenos de lo que hoy es Antioquia, el Eje Cafetero y el norte del Valle del Cauca. Siempre fue que le rindió. Muy avispado Robledo, se fue por toda la cuenca del río Cauca y así se fue haciendo “ochas”, conquistando parejo un pueblito tras otro. Cuatro meses después de que los españoles conocieron el valle de lo que hoy es Medellín, el mariscal Robledo fundó a Santa Fe como primera ciudad de la provincia de Antioquia. O sea, pues, que al parecer en ese 1541 fue mucho el “voleo” de Robledo y su gente por estos lados del centro de Antioquia, como que anduvieron mucho, descubriendo y fundando mucha cosa.

Estatua del mariscal Jorge Robledo, ubicada en la plaza de Santa Fe de Antioquia. Fotografía de Jaime Hernando Duarte.
Estatua del mariscal Jorge Robledo, ubicada en la plaza de Santa Fe de Antioquia. Fotografía de Jaime Hernando Duarte. Bajo licenia «Creative Commons».

En el valle de lo que hoy es Medellín habitaba una tribu de gentes que se llamaban “aburráes” a los que rapidito volvieron nada: unos se escaparon, otros se suicidaron, otros murieron enfermos, esclavizados y maltratados. Los más verraquitos dizque fueron los de Guayabal, pero igual eso fue ligerito que los españoles a punta de hierro los mataron y los doblegaron. Y aun así, con tanta sangre y tanta joda, todavía la palabra “Medellín” no se mentaba en esta región. A las tierras del río Aburrá, dicen que los españoles las llamaron “Valle de San Bartolomé”, porque cuando las descubrieron era el día de ese santo, pero como que no les pararon muchas bolas porque apenas 75 años después, en 1616, el Gobierno español fundó por primera vez una división administrativa en el valle del río Aburrá (o si usted se cree muy español, puede decir “el Valle de San Bartolomé). Lo que fundaron fue la villa de San Lorenzo de Aburrá, en los terrenos de lo que hoy es el Parque de El Poblado, pero ese asentamiento no duró mayor cosa. Según Leonardo Ramírez, politólogo de la Universidad Sorbona de París, en esa villa de San Lorenzo “los españoles habían creado un poblado en el que juntaron tribus indígenas de varios lugares de Antioquia, con el fin de protegerlas en comunidades con estilos de vida europeos, lo que fue un intento muy forzado y el resguardo tuvo una vida muy corta: desde 1616 hasta 1685”. O sea pues que a los setenta años ese San Lorenzo se desocupó, no se amañaron los indiecitos.

Pero, ojo pues que la historia apenas va en 1685 y todavía no podemos hablar de la ciudad de Medellín, porque recordemos que en 1541 descubrieron el valle, pero no se fundó nada en él. Claro que en 1616 habían fundado a San Lorenzo en lo que hoy es El Poblado, pero eso como tal no era Medellín. Algunos dicen que dizque Medellín se fundó en El Poblado y están más equivocados que un verraco, porque Medellín se fundó mucho después en una zona que para la época siempre era retiradita, pues no había carros, ni motos, ni buses, ni metro, como lo hay ahora. Ir de San Lorenzo (El Poblado) a Aná (Medellín) era un paseo de varias horas a caballo y a pie ni se diga.

Carretera Medellín - El Poblado, hacia 1930
Esta foto, tomada en 1930 aproximadamente, retrata la carretera entre Medellín (La Candelaria) y San Lorenzo (El Poblado). La imagen es perfecta para ilustrar que se trataba de villas distintas y aún en 1930, para ir de la una a la otra, había que coger carretera. Mucho después, en la segunda mitad del siglo XX, Medellín y San Lorenzo se terminaron juntando por el crecimiento poblacional. Foto: Biblioteca Pública Piloto, DRA – Colorización: Jorge Díez

Para que entendamos dónde estábamos parados… En ese tiempo se creaban provincias, que eran como los territorios que podía administrar un mismo encargado, es decir, en este caso Robledo, que era el mariscal de la provincia de Antioquia. De acuerdo con el diccionario de la Real Academia Española, un mariscal era un “oficial muy importante, que era juez del Ejército y tenía a su cargo el castigo de los delitos y el gobierno económico”. Mejor dicho, más o menos lo que hoy en día es un gobernador. Esta provincia de Antioquia pertenecía al Virreinato del Perú, cuya capital era Lima y se extendía hasta Panamá. Prácticamente toda Suramérica era este virreinato, a excepción de lo que hoy es Venezuela y Brasil. En la provincia de Antioquia, la única ciudad era Santa Fe, o sea que tenía más jerarquía que las demás poblaciones. También había villas, pueblos y sitios… y los sitios eran como lugares identificados, poco habitados, pero sin mucho valor para la corona española, que ni siquiera eran fundados. Y lo que hoy es Medellín, más específicamente el Parque de Berrío, para el año de 1662 era solo un sitio, el sitio de Aná, así se llamaba. Para esa época, a los españoles y criollos que habitaban el valle de los aburráes les dio porque sus tierras ya merecían dejar de ser sitio y empezar a ser villa, cosa que no les gustó a los de Santa Fe, que se sentían como de mejor familia y les parecieron como muy alzaditos los del río Aburrá.

A regañadientes y todo, en 1668 llegó de España la decisión de la realeza de permitir la fundación de la villa de Aná, pero el gobernador de Antioquia (que oficiaba en Santa Fe) se opuso. Como se estaba haciendo el bobo, a los dos años le llegó otra carta de España diciéndole que “qué hubo pues”, que qué era la demora y en marzo de 1671, sin mucha voluntad, le tocó ceder y se fundó la Villa de Nuestra Señora de la Candelaria. Pero el gobernador y las clases más tradicionales de Santa Fe seguían ofendidos, porque, al parecer, ellos contaban con que los terrenos del Aburrá con el tiempo se iban a adjudicar a Santa Fe y ahora los vecinos de Aná se estaban independizando. Esa pelea siguió y en 1673 una audiencia aquí en el Virreinato anuló la erección de la Candelaria (o sea el Parque de Berrío pues, que tomaba era el nombre de la iglesia, porque acordémonos de que las poblaciones se fundaban en la medida que se pudiera desarrollar allí la tradición católica).

Acuarela de la plaza principal de la Villa de la Candelaria (siglo XIX).
Acuarela de la plaza principal de la Villa de la Candelaria (siglo XIX). La obra original reposa en el Museo de Antioquia. Esta imagen ha sido escaneada del especial de fascículos «La historia de Antioquia», publicado por el periódico El Colombiano en 1987.

Aquí ya vamos llegando al punto del nombre de Medellín… Resulta pues que esta pelea de montañeros cogió vuelo y la cosa ni siquiera la iba a decidir el virrey del Perú en Lima, sino directamente el Consejo de Indias en Madrid, al otro lado del Atlántico. Ese consejo era el grupo de la nobleza española que decidía las querellas que llegaban desde el Nuevo Mundo. Y resulta que el que presidía ese consejo era el conde de Medellín, ciudad de la región de Extremadura en España. Aunque era el conde de esas tierras, el señor era madrileño, muy prestante. Se dice que para ese tiempo el Condado de Medellín en España era una casa nobiliaria tan prestigiosa como el Ducado de Alba, muy mentado recientemente por la celebridad de su reciente duquesa, Cayetana Fitz-James Stuart, quien envejeció con un aspecto extraño, poco usual, parece que por causa de las cirugías estéticas.

El conde de Medellín tenía por nombre Pedro Portocarrero Folch de Córdoba y Aragón. Era el VIII (octavo) Conde de Medellín, hijo del quinto conde. En los papeles, nada parecía indicar que tan solo a la edad de quince años Pedro fuera a convertirse en conde, pero la muerte encontró temprano a sus dos hermanos mayores (que hubieran sido los condes sexto y séptimo), entonces siendo apenas un adolescente tuvo que abandonar sus estudios para dedicarse a las labores nobiliarias.

Firma del VIII Conde de Medellín
Firma del VIII Conde de Medellín. Asociación Histórica Metellinense.

En varios documentos históricos de Colombia, al conde Pedro le cambian el apellido Folch y en su lugar le ponen el apellido Luna, pero los historiadores españoles afirman que su casa nobiliaria nunca tuvo ese apellido con nombre de cuerpo celeste. Claro que en Colombia no nos extraña que pasen esas cosas, de pronto el notario andaba en la luna por esos días… nada raro.

Estaba pues la disputa entre los de Santa Fe y los de la Candelaria y no se sabe por qué, el conde de Medellín asumió la causa como propia y, como era el que mandaba en el Consejo de Indias, intercedió a favor de los del Aburrá, persuadió a la reina Mariana de confirmar la fundación de la nueva Villa de la Candelaria y así pasó en 1674… Y aquí la esperada y anhelada respuesta: el cabildo de la villa aburraense recibió la noticia con jolgorio y como era tanta la expectativa, dejaron por sentado que la villa de la Candelaria iba a nombrarse Medellín, en agradecimiento con el conde que había sido tan querido (y de pura pica para que a los de Santa Fe no se les olvidara que desde la misma España fue que les mandaron la orden).

Ya que sabemos por dónde fue que corrió el agua, tengamos la bondad de compartir este artículo con otros paisanos… sobre todo con los de Santa Fe.


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9 Comentarios

  1. Juan Carlos Oliveros Carvajal

    Medelin, aclaró no Medellín, es uno de los tantos apellidos gravados en la torre del arco del triunfo en París. Tocará profundizar más para seguir con el origen del apellido que hoy lleva nuestra ciudad. Tengo las fotografías de lo aquí comentado. Un abrazo y genial el artículo.

  2. GUILLERMO LEÓN FERRER ESPINOSA

    Tengo muchas razones para creer y asegurar que la fundación original y verdadera de Medellín fue el 4 de marzo de 1616. En 1975 el Concejo de Medellín caprichosamente le cambió la fecha de su fundación y le recortó más de 60 años de historia. Roberto Cadavid «Argos» escribió el libro La Historia de Antioquia, ilustrado por «Velezefe» con una investigación concienzuda cuenta que las fundaciones de San Jerínimo, Sopetrán y Medellín fueron consecutivas y por consiguiente son trillizas.

  3. HERNAN DARIO MARTINEZ

    Excelente relato, gracias por darme a conocer las vicisitudes de nuestro querido y adorado Medellín, no sabia porque se llamaba así, ni de donde venía en nombre, éstas son las cosas que necesitamos aprender, un abrazo. HERNÁN.

  4. Pingback:Diccionario de Expresiones Paisas | Medellín de cerca

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