Menú Cerrar

¿Qué tienen que ver los frisoles con la verraquera del paisa?

Los frisoles pudieron tener una influencia importante en el carácter valiente que el antioqueño llama “verraquera”.

Bandeja paisa. Foto de Eddy Milfort.

Al hablar de esto, de la verraquera del paisa, necesariamente entra en juego la fuerza de voluntad, el deseo de progresar, la herencia de haber habitado una región súper montañosa que exigió mucha labor con la arriería, pero también analizamos que la alimentación es un factor importante en el estado anímico y en la cantidad de energía de la mente y del cuerpo para funcionar… y ese alimento que tradicionalmente ha acompañado fielmente al antioqueño es el frijol o frisol, como muchos prefieren llamarlo en nuestra tierra.

La laboriosidad ha sido un rasgo muy presente en las ideas y en las conversaciones del día a día en Antioquia. Como paisas nos preciamos de trabajadores y pujantes, que no nos le “arrugamos” al trabajo. Años atrás, más que ahora, se escuchaba decir de un señor o una señora que se mantenían “muy alentados”. Que ya tenían nietos y todavía molían maíz, hacían arepas o madrugaban mucho a trabajar la tierra y no se despegaban hasta que el Sol se escondiera. Pero para trabajar tanto se necesita una fuente de energía y por eso vale la pena analizar el papel que han podido tener las costumbres alimenticias.

Los relatos de muchas personas que recuerdan cómo era la vida por allá en las décadas de 1960 o 1970, señalan que en muchas casas antioqueñas diariamente se comían frisoles… Algunos agregan con exclamación: “se comían a diario ¡y era por la noche!”. Y no son solo relatos aislados los que cuentan lo altamente frijolizada que estaba nuestra dieta. En las páginas de El Testamento del Paisa, libro de Agustín Jaramillo Londoño que se publicó por primera vez en 1961 y fue muy popular por extenderse en las tradiciones antioqueñas, se encuentra una buena referencia que da idea de la permanencia de los frisoles en la dieta ancestral de la región. De sus páginas se extrae el siguiente aparte: “La comida, a eso de las siete u ocho de la noche, es frisoles. Hay casas en donde se comen frisoles todos los días del año, y no son pocas. Los frisoles se sirven por lo general en un plato hondo y van acompañados con otro plato que lleva arroz blanco, un chorizo o un chicharrón, patacones de plátano verde, tajada de aguacate, carne molida que también se llama carne en polvo, papas o yuca. Arepas. Se toma aguapanela, también llamada aguadulce; o mazamorra con panela, con panelitas o con bocadillo…”

Todo eso contrasta con lo que ahora ampliamente se practica en Medellín. Ya para nuestros días, tanta recomendación médica y nutricional que se divulga, inculca mucho el hábito de comer liviano en la noche, para dormir mejor y no engordar. Entre tanto, la ingesta de frijoles hoy en Medellín no es nada comparada con lo que era antes de la globalización económica y cultural que empezó a popularizar otros platos, algunos por saludables y otros por “refinados”, a base de alimentos que se consiguen, ya no en el granero o en la tienda de abarrotes, sino en los elegantes supermercados, de modo que para los más jóvenes ya es natural tener de cena un sándwich, una carnita asada o una arepita con huevo o atún, en contraposición a los “plataos” que se permitían sus predecesores como última comida del día. Por supuesto, también hay que ver y comprender que con el uso de tantas tecnologías hoy en día, como los medios de transporte, la maquinaria y las herramientas para todo tipo de trabajos, ahora el esfuerzo físico es menos necesario de lo que fue para nuestros ancestros en la arriería, en los cultivos y luego en las factorías industriales.

Ya para terminar, volviendo a la proposición inicial de que los frisoles han puesto de su parte en la cultura laboriosa del paisa, nos referimos a la FAO (Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura), que entre sus múltiples estudios afirma que los frisoles, al ser legumbres, “favorecen la creación de energía constante que se gasta lentamente al tiempo que su contenido de hierro contribuye a transportar el oxígeno por todo el cuerpo, lo cual incrementa la producción de energía y aumenta el metabolismo”, además de que combinarlos con arroz (como se hace en el mundo paisa) “provee una proteína de mayor calidad, lo cual significa que el organismo necesita menos proteína para satisfacer sus necesidades”.

En pocas palabras, pues, con todo sentido podemos decir que los frijoles antioqueños sí son la verraquera.


COMPARTE
Abrir chat